domingo, 9 de junio de 2013

EL GRITO SILENCIOSO




Hoy mi deber era … (como canta Silvio Rodríguez) conminar al voto el próximo 23 de junio para que “el pueblo decida” y así lograr una mayor asistencia a las urnas en este momento crucial de nuestra comunidad. Hacer al Frente Amplio esclavo de sus palabras en tiempos de oposición.  Ese era el deber, mostrar una nueva traición de la izquierda a sus votantes pero no puedo. No puedo evitar referirme al tema de fondo.
Algún día las escuelas enseñarán a sus alumnos que el ser humano ha dejado en la historia sus penosos, monstruosos y salvajes rastros. En el siglo XVI entendió que los indios descubiertos no eran seres humanos y por esta razón quienes sí lo eran tenían  la libertad de decidir sobre ellos. Luego les contarán que entre los siglos XVII y XIX tampoco los negros pudieron salir de su condición de objetos  y así les tocó ser simplemente bienes para el mercantilismo blanco. Los niños del futuro escucharán asombrados que por idénticas razones en el siglo XX se podía disponer sobre los judíos, homosexuales o las adúlteras para purificar la especie. Terminarán conociendo como broche de oro de que en tiempos tan cercanos como el siglo XXI se pensó lo mismo de los seres menores de 12 semanas gestación o de aquellos con cualquier discapacidad precozmente detectada. En todos los casos eran periféricos al adulto, occidental y ario y la disposición del semejante era cosa inherente a la  libertad de decidir.
No quiero hablar de esto como de una zona ética difusa a la que nos quieren llevar los que usan la trampa intelectual de las dos bibliotecas. Quiero que no eliminemos la ciencia con un sofisma compañero y progresista que tal vez surja de que la mitad de la cámara de diputados no haya terminado el liceo y solo funcione en base a consignas latinodeprimentes. Nadie que haya terminado el liceo desconoce que podemos saber en ese par de células recién formadas el color del pelo que tendrá, la propensión a enfermedades o su tendencia al alcoholismo. Julio María Sanguinetti, llega a afirmar que es un ser sin derechos que puedan oponerse a los de la madre porque no se trata de una persona sino hasta las 12 semanas de gestación y  que por lo tanto los únicos derechos a preservar en ese momento son la libertad de la mujer. ¿Pero porqué 12 semanas? ¿Porqué no tener la libertad total de elegir con cual de los hijos la madre se quiere quedar? ¿Si con el nacido discapacitado o con el sano en gestación? Pero resulta aún peor el argumento de nuestro ex-Presidente: “no es persona porque no puede vivir por sus propios medios”. Extendamos este argumento: quiere decir entonces que si yo resuelvo el problema de llevar ese feto a un adulto viable con la aplicación de tecnología ¿pasará a tener derechos? ¿Hablamos entonces de un tema de desarrollo tecnológico?
Hoy sabemos tanto, que podemos decir que cuando “aspiran” el cuerpo del feto de 12 semanas este abre la boca en un grito silencioso,  eleva las pulsaciones de 140 a 200 por minuto y se corre dentro del útero para intentar evitar la succión de su cuerpo en pedazos.
Por eso es realmente repugnante recibir la acusación de “mirar para el costado” porque algo que es dramático como el aborto, ocurre todos los días y hacemos como que no existiera. Lamento enormemente la cantidad de abortos clandestinos y reconozco que los científicos que nos llevan a Marte así como  los políticos a quienes le pagamos el sueldo todavía nos deben un camino alternativo mejor para resolver este problema. Pero lo que siento respecto de ese crimen no lo resuelvo amparando el drama con otro tipo de hotelería y seguridad sanitaria.
Es que acaso ¿no es “mirar para el costado” empujar una ballena hacia el mar o invertir fortunas en bienestar animal en los frigoríficos y al mismo tiempo permitir que un ser humano en potencia no concrete su destino de vida?
¿Quien dijo que la libertad no tiene límites? El código penal  es una letanía de límites teniendo el sentido común de respetar el derecho de los demás. El truco de esta ley es que al usar palabras como “interrupción de la gestación” o “salud reproductiva” el “demás” deja de existir y facilita las cosas.
Esto tampoco es un tema de género como les gusta decirlo hoy. Yo no tengo el derecho a terminar la vida de otros que me incomodan, pero no porque sea hombre, sino porque mi derecho no abarca tal potestad.
Por último ninguno de nosotros ha elegido a los políticos para que tomen estas decisiones por nosotros, el haberlo hecho fue un acto de arrogancia. Existe la posibilidad de ponerlos en su lugar. El 23 de Junio no la desperdicie independientemente de lo que usted piense sobre el tema de fondo. Trate de ser el orgullo de las generaciones futuras.