Hoy
mi deber era … (como canta Silvio Rodríguez) conminar al voto el próximo 23 de
junio para que “el pueblo decida” y así lograr una mayor asistencia a las urnas
en este momento crucial de nuestra comunidad. Hacer al Frente Amplio esclavo de
sus palabras en tiempos de oposición.
Ese era el deber, mostrar una nueva traición de la izquierda a sus
votantes pero no puedo. No puedo evitar referirme al tema de fondo.
Algún
día las escuelas enseñarán a sus alumnos que el ser humano ha dejado en la
historia sus penosos, monstruosos y salvajes rastros. En el siglo XVI entendió
que los indios descubiertos no eran seres humanos y por esta razón quienes sí
lo eran tenían la libertad de decidir
sobre ellos. Luego les contarán que entre los siglos XVII y XIX tampoco los
negros pudieron salir de su condición de objetos y así les tocó ser simplemente bienes para el
mercantilismo blanco. Los niños del futuro escucharán asombrados que por
idénticas razones en el siglo XX se podía disponer sobre los judíos,
homosexuales o las adúlteras para purificar la especie. Terminarán conociendo
como broche de oro de que en tiempos tan cercanos como el siglo XXI se pensó lo
mismo de los seres menores de 12 semanas gestación o de aquellos con cualquier discapacidad
precozmente detectada. En todos los casos eran periféricos al adulto,
occidental y ario y la disposición del semejante era cosa inherente a la libertad de decidir.
No
quiero hablar de esto como de una zona ética difusa a la que nos quieren llevar
los que usan la trampa intelectual de las dos bibliotecas. Quiero que no
eliminemos la ciencia con un sofisma compañero y progresista que tal vez surja
de que la mitad de la cámara de diputados no haya terminado el liceo y solo
funcione en base a consignas latinodeprimentes. Nadie que haya terminado el
liceo desconoce que podemos saber en ese par de células recién formadas el
color del pelo que tendrá, la propensión a enfermedades o su tendencia al
alcoholismo. Julio María Sanguinetti, llega a afirmar que es un ser sin
derechos que puedan oponerse a los de la madre porque no se trata de una
persona sino hasta las 12 semanas de gestación y que por lo tanto los únicos derechos a preservar
en ese momento son la libertad de la mujer. ¿Pero porqué 12 semanas? ¿Porqué no
tener la libertad total de elegir con cual de los hijos la madre se quiere
quedar? ¿Si con el nacido discapacitado o con el sano en gestación? Pero
resulta aún peor el argumento de nuestro ex-Presidente: “no es persona porque
no puede vivir por sus propios medios”. Extendamos este argumento: quiere decir
entonces que si yo resuelvo el problema de llevar ese feto a un adulto viable con
la aplicación de tecnología ¿pasará a tener derechos? ¿Hablamos entonces de un
tema de desarrollo tecnológico?
Hoy
sabemos tanto, que podemos decir que cuando “aspiran” el cuerpo del feto de 12
semanas este abre la boca en un grito silencioso, eleva las pulsaciones de 140 a 200 por minuto
y se corre dentro del útero para intentar evitar la succión de su cuerpo en
pedazos.
Por
eso es realmente repugnante recibir la acusación de “mirar para el costado”
porque algo que es dramático como el aborto, ocurre todos los días y hacemos
como que no existiera. Lamento enormemente la cantidad de abortos clandestinos
y reconozco que los científicos que nos llevan a Marte así como los políticos a quienes le pagamos el sueldo todavía
nos deben un camino alternativo mejor para resolver este problema. Pero lo que
siento respecto de ese crimen no lo resuelvo amparando el drama con otro tipo
de hotelería y seguridad sanitaria.
Es
que acaso ¿no es “mirar para el costado” empujar una ballena hacia el mar o
invertir fortunas en bienestar animal en los frigoríficos y al mismo tiempo
permitir que un ser humano en potencia no concrete su destino de vida?
¿Quien
dijo que la libertad no tiene límites? El código penal es una letanía de límites teniendo el sentido
común de respetar el derecho de los demás. El truco de esta ley es que al usar
palabras como “interrupción de la gestación” o “salud reproductiva” el “demás”
deja de existir y facilita las cosas.
Esto
tampoco es un tema de género como les gusta decirlo hoy. Yo no tengo el derecho
a terminar la vida de otros que me incomodan, pero no porque sea hombre, sino
porque mi derecho no abarca tal potestad.
Por
último ninguno de nosotros ha elegido a los políticos para que tomen estas
decisiones por nosotros, el haberlo hecho fue un acto de arrogancia. Existe la
posibilidad de ponerlos en su lugar. El 23 de Junio no la desperdicie
independientemente de lo que usted piense sobre el tema de fondo. Trate de ser
el orgullo de las generaciones futuras.
