Arqueólogos y
antropólogos de El Observador hicieron en España un hallazgo histórico. Fue
encontrado un auténtico MLN en excelente estado de conservación al punto que
fueron obtenidas de él profusas declaraciones expresadas en lenguaje tupamaro
original, aventando cualquier duda sobre un eventual operativo propagandístico
de dicho medio.
A
partir del trabajo realizado descifrando el tupamaro antiguo se pudieron
descartar algunas historias por delirantes pero confirmar otras. Por ejemplo que
la razón para tomar las armas en contra de lo que ellos definían como
democracia “formal” fue la falta de chances de acceder al poder por otro medio y
la existencia de acuerdos con el BID o el Fondo Monetario. Que a los militares no los combatieron nunca
y en todo caso se sentaron a negociar para invitarlos a dar un golpe de estado
contra la democracia. También quedó claro que robar, secuestrar o matar es
parte de las reglas de juego cuando los “buenos” no le pueden ganar a los
“malos” en un sistema de reglas democráticas.
Aparentemente
tampoco fue cierto que Amodio Perez (este es el nombre del ejemplar encontrado)
fuera el causante del derrumbe del movimiento ya que por aquellos tiempos era
una pandilla que dejaba descubrir sus tatuceras por el olor a torta frita.
Los
descendientes de aquel tupamaro niegan toda vinculación con el ejemplar y en
realidad se molestan con la sola mención de una relación evolutiva. Así el
actual MLN Ernesto Agazzi por ejemplo se ríe de quienes comentan el descubrimiento
o muestran fotos del ejemplar. Su rechazo a cualquier parentesco llama la
atención en la medida que en algún momento entendimos que su ancestro traidor fue
el autor del peor pecado que se conoce en la humanidad: joder a un
compañero tupamaro. En realidad quienes inventaron el monstruo estarían ahora
declarando írritos nulos y sin ningún valor cualquier vestigio de su
existencia. Se ríen porque seguramente los pecados de los verdaderos tupa no se
comparan con los de Amodio. Es decir, se ríen porque solo robaron, mataron y
secuestraron a inocentes. Se ríen nerviosos porque puede que el cuento del llanero solitario que le quieren vender a
la historia no sea en absoluto cierto.
Aquellos
que generacionalmente no fueron víctimas de esta desgraciada especie, que no
les arruinaron la vida con terrorismo primero y dictadura militar después, tienen una joya en el descubrimiento
de un tupamaro en su estado original. Pueden ver como funcionaban aquellas
cabezas iluminadas que se dieron cuenta de lo que le convenía a la abrumadora
mayoría de la población uruguaya que sistemáticamente se equivocaba al votar.
Futuras
investigaciones demostrarán que los ejemplares que sobreviven y que han tenido una
transformación kafkiana resultan en su apariencia diferentes a su antecesor
pero que con un 99,99% de probabilidad pertenecen a la misma especie.
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