Vargas Llosa ha declarado su admiración por las medidas en
dirección liberal tomadas por Uruguay. Esto ha causado el beneplácito de los
liberales y el desconcierto total de la izquierda que no sabe como ha quedado
del mismo lado de alguien a quien considera un “facho”
Nadie debería dudar de mi ideología liberal. He hecho caudal
de ello en cada una de mis columnas pero tengo la convicción que una medida
como la legalización de la marihuana no puede ser aplicada por simple devoción
liberal y religiosa sin reparar en el contexto en el que la medida se toma.
El contexto es la República Oriental del Uruguay en el año
2014 y dentro de ese contexto hay que remarcar que nuestro país:
1.
No ha sido capaz de controlar otras drogas como
el alcohol en menores de edad
2.
Tiene un nivel de fractura social desconocido en
la historia y una población “nini” de
monstruosa magnitud.
3.
No es capaz de dar la seguridad más elemental a
sus ciudadanos
En estas condiciones es fácil predecir que la legalización
de la marihuana caerá como una bomba en nuestra sociedad. Lo que el gobierno
imagina como forma de combate al tráfico de drogas no será más que un cambio en
el modelo de negocio.
Seguirá habiendo una parte de la población , los menores de
edad, cuyo consumo continuará siendo clandestino mientras que para el resto la
adquisición de marihuana será permitido. Lo que esto significa es que se genera
una oportunidad de negocios para una familia de mayores de edad que comprando
en la farmacia la venderá a menores de edad de manera clandestina. Esto aún en
la hipótesis de que tal familia consuma pasta base, constituirá la forma de
generar recursos para comprar su droga más barata.
El acecho sobre la población de menores de edad se
multiplicará debido a que estamos sustituyendo la actual distribución
concentrada o mayorista por otra muy dispersa o minorista que irá en busca del
cliente al contrario de lo que sucede
hoy. Los agentes de venta se multiplicarán por 100 y le llevará a nuestros
hijos una posibilidad de consumo mucho más cercana que internarse en un barrio
inseguro buscando unos championes colgados del cable y entrar en una boca de
distribución que por el miedo que mete no deja de actuar como una primera
barrera.
Lo que antes podía ser un tropezón en la vida sin mayores consecuencias
hoy fácilmente se convierte en un inicio como consumidor de drogas dada la
accesibilidad del producto.
También es interesante escuchar como argumento central que
la lucha tradicional contra el narcotráfico ha fracasado y que al decir de
Einstein si seguimos haciendo lo mismo obtendremos los mismos resultados. El
tema es que Einstein hablaba de hacer lo mismo y en este caso se puede dar por
fracasado aquello que no se hizo. Parecería que hemos agotado el esfuerzo, la
estrategia y la inteligencia en el combate al tráfico de drogas lo que
constituye una premisa falsa de toda falsedad.
Cualquiera de las personas que viven en barrios complicados puede
nombrar al menos tres o cuatro lugares de venta de drogas. Los propios policías
conviven con ellos. ¿Ha probado ir y hacer la denuncia? La policía lo sabe
mucho antes que usted y le confiesa resignada que nada se puede hacer más que
ganarse peligrosos enemigos.
No demonizo a quien apoya la ley pero tampoco cedo la
derecha en cuanto a que la misma sea una expresión de liberalismo en el Uruguay
de hoy. Aunque me echen del club, conmigo no cuenten.

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